Asambleas Ciudadanas Constituyentes ¿sí o no? ¿ porqué?

Por Iñaki Barinaga López

La Constitución es la norma suprema dentro de un marco constitucional, como el que tenemos. Ninguna otra ley está por encima de ella ni puede ir en su contra. Es el gran documento a través del cual una sociedad fija y determina las normas de organización colectiva y funcionamiento social. La cumbre del ordenamiento de nuestras relaciones sociales.

La Constitución de 1978 afirma y garantiza en su artículo 38 como obligatorio el sistema de economía de mercado, el pueblo sometido obligatoriamente al sistema capitalista como trabajadores al servicio de la satisfacción y el enriquecimiento de un élite: la mayoría al servicio de una minoría intocable. Gobierne quien gobierne.

Prácticamente intocable es también esta norma suprema redactada por un “grupito de expertos”, una pequeña e ínfima élite hace 34 años, ¡34 años! cuyos procedimientos y criterios de modificación son en los hechos y garantizado/reforzado por las leyes electorales verdaderamente inalcanzables para que el pueblo juegue un papel activo y determinante. Intocable, pese a enunciarse como resultado de la soberanía popular (…que reside en el pueblo).

Desde luego que no es la Constitución del pueblo, sino la de una casta dirigente al servicio de la oligarquía, de grandes banqueros y empresarios, y de sus proyectos e intereses. Desde ahí ha sido redactada, aplicada y desarrollada. No existen apenas leyes ni ordenaciones legales que desarrollen siquiera alguno de los aspectos más progresistas como los derechos y libertades.

No sólo eso, tampoco establece absolutamente ningún mecanismo real de control sobre el trabajo político y las prácticas que llevan a cabo diputados y Gobierno u otros cargos electos: condena al pueblo encadenando su consciencia y soberanía a castas dirigentes, a la limitación absoluta de su capacidad de participación y decisión de su destino colectivo.

La última reforma sin ningún tipo de referéndum ni consulta popular no hace otra cosa que seguir acrecentando los antagonismos de formas diferentes con esta ley suprema que rige nuestras relaciones y condiciones de existencia. La Constitución de 1978 es una parte importante de la producción ideológica que asienta legalmente y alimenta la dominación de una clase sobre otra.

La historia de toda sociedad hasta hoy en día no está hecha más que de antagonismos de clase, antagonismos y contradicciones que según el momento histórico adoptan diferentes formas. Las ideas dominantes de un momento histórico concreto no son otra cosa que las ideas de la clase dominante, la clase en el poder.

La oposición entre la actual clase dominante y quienes padecemos su dominación y el sistema y herramientas que la perpetúan e imponen sigue agudizándose y agravándose. La lucha entre lo nuevo y lo viejo, lo correcto y lo incorrecto no terminará hasta superar la actual sociedad de clases.

Todo el poder para el pueblo. Asambleas Constituyentes sí, en cada pueblo, en cada barrio, en cada plaza!! Dentro de la vieja sociedad es donde se construyen los mecanismos, proyectos y elementos de una sociedad nueva. La superación de todo aquello que nutre y garantiza las viejas relaciones y condiciones existentes está ligada estrechamente a la transformación de nuestra existencia y organización social.

En el momento de afrontar activamente dicha transformación, diferenciemos entre la superación/destrucción del sistema de producción económica (científicamente comprobable) y las formas legales, políticas o filosóficas (o espirituales, artísticas…) que perpetúan el sistema de dominación actual.

¿Por qué? Porque son estas últimas las formas ideológicas a través de las que tomaremos conciencia de la contradicción entre el pueblo y quienes dominan/oprimen/explotan al pueblo tomando posición práctica para finalmente llevar a cabo el proceso que nos permita la construcción colectiva de una alternativa de transformación social. Desde el pueblo y para el pueblo.

Con las Asambleas Ciudadanas Constituyentes queremos que el pueblo se organice. Hemos tomado la calle, las plazas llevando a cabo la experiencia democrática más luminosa de la última época en este país: porque el pueblo en masa salió reclamando y haciéndose cargo de su destino colectivo. Hay que seguir organizándose.

La humanidad nunca se marca tareas que no pueda conquistar. El amplio florecimiento a través de las movilizaciones populares del 15M de nuevas formas de relacionarnos, comunicarnos y coordinarnos se ha producido en el propio seno de la vieja sociedad. Para superar el callejón sin salida, el abismo al que las castas dirigentes nos conducen y abocan en este sistema de dominación/opresión/explotación. No afrontaríamos directa y radicalmente una contradicción sin empezar a construir, sin que existan o estén enraizando las vías para que surjan, las condiciones materiales objetivas y subjetivas para resolverla. Para resolverla favorablemente para el pueblo.

 Se trata de dar un pasó más, de no detenernos aquí, no basta con exigirlo. Es tiempo de llevar a la práctica la soberanía popular. Eso que dicen que reside en el pueblo. Nosotros mismos, desde el pueblo y para el pueblo. Sin los intermediarios ni los representantes que han encadenado al pueblo a esta Constitución tramposa y obsoleta que nos condena como súbditos de la defensa inexcusable de los intereses de la oligarquía.

El punto de salida de las Asambleas Ciudadanas Constituyentes es, desde la máxima y completísima difusión de esta iniciativa en todos los espacios posibles, iniciar un debate sobre la necesidad de impulsar un Proceso Constituyente que rompa con la estructura institucional que nos encadena. Ruptura no violenta: que el pueblo se alze en Asamblea Ciudadana Constituyente con el objetivo de redactar y aprobar una nueva Carta Magna.

 ¿Cómo organizarnos? El pueblo organizado, que la gente construya de abajo hacia arriba. Desde multitud de asambleas que sean ejecutivas, participativas y presupuestarias: que decidan, hagan propuestas, con capacidad de control sobre aquello en lo que participan, organizándose y auto-organizados.

Un proyecto que se difunda en cada centro de trabajo, en cada pueblo, ciudad y aldea para que esta iniciativa recoja desde sus inicios la riqueza, entrega, honradez y sabiduría de nuestro pueblo. Partiendo de lo que nos une, de la necesidad de transformar la realidad que nos imponen a cada día: de la imperante necesidad de construir un mundo mejor.

Pero no cómo un mero flash de spot publicitario de las multinacionales y la gran banca que nos envenena la vida y para la que trabajan nuestros actuales representantes. No queremos ni placebos ni conformarnos con algo que nos alivie y anestesie temporalmente. El propósito es hacernos dueños de nuestro destino colectivo. Que grupos de personas sigamos desarrollando la práctica democrática asamblearia al más alto nivel: la que emana realmente de la organización desde la base popular. Con objetivos, coordinados y en la misma dirección.

Reunidos en nuestros barrios, sectores, ciudades, agrupándonos en asambleas y comités realizando un trabajo periódico y sistemático de forma multitudinaria desde cada espacio de trabajo. Estudiando, proponiendo, poniendo en común coordinadamente, decidiendo. Sin puntos finales, asentando firmemente las bases y los cimientos de un funcionamiento realmente democrático de la vida política y la gestión colectiva de nuestra vida.

Llevando la política de la palabrería y engaños mediante el sometimiento hasta las palabras y los hechos a través del trabajo. Una Asamblea Ciudadana Constituyente no es ninguna nave mágica ni interestelar que nos vaya a trasladar al futuro e ideal deseado.

Es un espacio colectivo inclusivo, asambleario, horizontal y democrático. Es una forma de organización democrática a partir de la cual y en la cual sentarnos a debatir, conocer, discutir, difundir amplia y masivamente y proponer el marco legal que queremos desde el pueblo para el pueblo. Tenemos que organizarnos y trabajar coordinadamente.

Apoyándose en las experiencias y el trabajo acumulado, tanto entre personas como grupos. Hay que organizarse sumando a más gente. Papel, lapiz, imprentas, impresoras, internet, teléfono, boca-oído. Asentando lo recorrido, teniendo en cuenta el paso anterior para dar los siguientes. Partiendo de nuestras propias fuerzas, formándonos colectiva e individualmente con el objetivo siempre presente: llevar a cabo un proceso constituyente.

Porque es lo contrario a ponerse delante del pueblo a adoctrinarlo e imponerle una forma de organización social como mero espectador pasivo. Ninguna ley, Carta Magna ni Constitución surge del suelo como los champiñones. Son fruto de una época. Pero lo que queremos ahora es que sea fruto de una época y de su pueblo. De nuestro pueblo, de ahí extraeremos los matices más enriquecedores y decisivos, llenándola de contenido social con una amplia y masiva participación popular.

Queremos seguir conociéndonos y llevar a cabo aquello que es decisorio en nuestras vidas. Y que caiga de nuestro lado. Donde la economía tenga en cuenta a la mayoría y no a una minoría privilegiada: inclusión en vez de exclusión, servicio a la mayoría no negocio de una minoría.

Que la Sanidad y la Educación se rijan y se gestionen desde criterios sanitarios, educativos y de bienestar social. Desde el servicio a la sociedad y no desde el negocio lucrativo gestionado por castas políticas de la banca de este país e incluso de otros.

Que el funcionamiento y los órganos de nuestras instituciones políticas sean la abolición práctica de todo aquello que no sea democracia participativa, directa y ampliamente inclusiva: edifiquémoslo con nuestra práctica, desde lo más cualitativo que es el pueblo organizado para si mismo, no más élites sin control. ¿Quién ha decidido que en este país se pase hambre?

Que se lleven a cabo los ajustes y se desarrollen las herramientas necesarias para que nuestras condiciones básicas de vida estén garantizadas no que nuestra existencia esté bajo la amenaza permanente de ruína, desahucio, empobrecimiento, y exclusión social.

Que nuestra vida no corra peligro ni en lo económico, ni en lo que a las fuerzas de seguridad respecta. Es decir, que cuando el pueblo tiene motivos, dirigencia y diligencia clara y honesta va a salir adelante, a llevar a cabo lo que proyecta, lo que quiere, lo que ambicionamos para nosotros mismos, para el pueblo para nuestros hijos y nietos: cuando estemos trabajando y realizando esta titánica tarea que las fuerzas de seguridad no nos repriman ni nos torturen, ni hoy ni nunca.

Que nuestras fuerzas de seguridad no estén al servicio del Imperialismo a través de la OTAN invadiendo otros países y posibilitando su expolio, extorsión y explotación. Porque la lucha de nuestro pueblo es la lucha de todos los pueblos del mundo. Construir las condiciones objetivas y subjetivas para llevar a cabo un proyecto de transformación real: acabar con la explotación y la opresión como sistema de relaciones sociales.

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