El efecto piraña

Como todo movimiento, el 15M tiene sus hijas e hijos.

Por Marcos González Sedano.

El 15M ha reactivado los movimientos sociales moribundos, ha introducido nuevas formas de organización, métodos de lucha y de comunicación, ha globalizado las reivindicaciones frente a los de arriba y ha hecho que nos encontremos en la calles y plazas demostrándonos a nosotros mismo que no estábamos solos. El 15M ha ido más allá de las plazas y va dejado tras de sí entramado social suficiente para que surjan nuevos actores políticos y sociales.

Constituyentes es uno de esos hijos del 15M nacido de las calles que además ha aprendido de la experiencia de los procesos latinoamericanos, del norte de África y de Islandia, para iniciar su proceso.

Había que hacerse eco de todas las reivindicaciones de las plazas, de las ciudadanas y de los ciudadanos y buscarles un marco común que no podía ser otro que una nueva constitución. Ese proceso tiene que ser el fruto de una alianza de los de abajo, sin ninguna tutela de los partidos.

Son las ciudadanas y los ciudadanos, primero en Sevilla el 17 de diciembre pasado y después en Cádiz el 17 de marzo los que han activado el Poder Constituyente que dará paso a una Asamblea Constituyente. A poco más de dos meses de la Declaración de Cádiz (constituyentes.org) y sin ninguna campaña global de adhesiones, son ya cerca de seis mil las personas que se han incorporado al proceso y se han creado más de veinte asambleas pro-constituyentes. Desde obreros del metal a un centenar de profesoras y profesores universitarios, sumados a empresarios, artistas, masajistas, camareros y prostitutas, obreros de la construcción, informáticos, ingenieros, jornaleros, equilibristas, panaderos, escritores, cantautores y desempleados… andan ya en el proceso constituyente. Se discute, se negocia y se organiza, en la Península Ibérica, en las islas, y desde America Latina nos preguntan que cómo va el proceso.

Como todo movimiento de carácter popular, vamos caminando y aprendiendo, equivocándonos y corrigiendo errores, elaborando y organizando, sin otros recursos que no sean los que nosotros mismos aportamos. No estamos ni en la nómina de los banqueros ni en la del Estado. Vamos lejos y por eso vamos despacio aunque en algún momento tengamos que correr. Estaremos preparados.

Sin lugar a dudas, la activación del Poder Constituyente abre un potencial estratégico como no había existido otro en España desde 1931, ni siquiera en la transición democrática, donde todas las cartas estaban marcadas, incluida la Magna, donde los partidos políticos firmantes del pacto declaraban al Pueblo incompetente e incapaz para intervenir en su propio destino, en su vida diaria, sin la tutela de los partidos políticos. Partidos políticos que se blindaron en la Constitución de 1978, atribuyéndose todo el poder político y creando la casta del nuevo régimen para así garantizar que lo fundamental del viejo no cambiara.

No puede haber un proceso constituyente democrático bajo la tutela de los partidos políticos que actúan con los movimientos populares bajo el efecto piraña: te miran, te tocan e intentan devorarte. Después de su actitud con el 15M (a pesar de los errores de este) se puede decir que no han aprendido. Su naturaleza se lo impide. Andan perdidos y buscan un salvavidas aunque sea de piedra. Su falta de estrategia, la lejanía de los ciudadanos les hace travestirse buscando un voto cautivo cada vez más lejos de ellos y más cerca de los otros. No han aprendido ni siquiera de la rebelión de sus bases, que en la batalla contra las políticas neoliberales les han desautorizado frente a las élites cuestionando su papel de antídoto de lo que el régimen no controla.

Aviso, el proceso constituyente siempre va a estar en peligro porque atenta contra el poder establecido, y una vez que los actores que medran del viejo régimen, de una constitución ya deslegitimada, son conscientes de que la idea funciona, de que ya ha sido asumida por decenas miles de ciudadanas y ciudadanos, de que el Poder Constituyente está activado, de que se ha ganado la primera batalla, la ideológica, se pasa a ser el objetivo a abatir.

Solo habrá una constitución democrática si es el pueblo, que es el único soberano, quien la dirige. Lo demás será volver de una forma o de otra a una constitución parecida o peor si cabe que la de 1978.

Por todo esto, son las ciudadanas y ciudadanos conscientes de que esta constitución no les es útil para la defensa de sus intereses los que se empoderan a sí mismos y se auto-organizan en asambleas pro-constituyentes, como en Bolivia, Ecuador, Islandia.. y dirigen el proceso constituyente que dará paso a una verdadera constitución democrática, no oligárquica.

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